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Las relaciones de poder en la ciencia mundial. Un anti-ranking para conocer la ciencia producida en la periferia

Nueva Sociedad  Por Fernanda Beigel

Marzo – Abril 2018

Los rankings universitarios se crearon principalmente para intervenir en los flujos internacionales de estudiantes, pero se convirtieron progresivamente en una fuente directa para reforzar el prestigio de un pequeño grupo de universidades, de sus principales revistas y editoriales oligopólicas. Su aplicación tiende a volver cada vez más periférica a la ciencia desarrollada en los espacios alejados del circuito mainstream o de corriente principal. Por eso es necesario crear nuevas herramientas de medición de la producción científica de la periferia que contemplen las interacciones de sus universidades en sus distintas direcciones, y no solo con los circuitos dominantes.

Las relaciones de poder en la ciencia mundial / Un anti-ranking para conocer la ciencia producida en la periferia

Históricamente, tres procesos forjaron el carácter internacional de la actividad científica. Primero, la circulación de personas, textos y objetos, luego el modo de producción de conocimiento y, finalmente, el financiamiento de la investigación1. Pero fue el sistema de publicaciones el medio más eficiente de «universalización» de un estilo legítimo de producción, a medida que las revistas se convertían en el eje de rotación del sistema académico mundial. Y pronto los indicadores bibliométricos sirvieron como fuente principal para las comparaciones internacionales. Varios estudios2 han abordado cómo se establecieron estos indicadores «internacionales» a partir de la creación, en 1959, del Instituto de Información Científica (isi) y, a posteriori, el Science Citation Index (sci). Esta base de datos se presentó como una fuente para proporcionar información internacional sobre la base de una lista de revistas con criterios homogéneos de inclusión. Pero tanto el sistema de evaluación como la mayoría de las revistas tenían un anclaje particular y concreto, principalmente, la academia estadounidense. Gradualmente, esta se «universalizó» como la única base de datos capaz de medir «ciencia mundial».

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Absurdum scientia incongruenci: universidad y banalidad del saber

POR: Pablo Dávalos en PLAN V

Economista, catedrático universitario, militante de izquierda.

El conocimiento nacerá desde la libertad, desde la negación, desde la anarquía, desde el deseo, desde el compro-miso con lo humano, lo demasiado humano”

El pensamiento que la humanidad recordará de aquí a algunos años, muy probablemente no será producido por ninguna universidad. Nacerá en revistas, en textos, en blogs, en libros no indexados, no controlados, no disciplinados. Será un conocimiento comprometido con su tiempo y no con los requisitos administrativos que nacen desde el poder. Nacerá desde la libertad, desde la negación, desde la anarquía, desde el deseo, desde el compromiso con lo humano, lo demasiado humano.

Artículo 21.- Requisitos del personal académico titular principal 1 de las universidades y escuelas politécnicas.-:

1. Tener grado académico de Doctor (PhD o su equivalente), en un campo de conocimiento vinculado a sus actividades de docencia e investigación, reconocido e inscrito por la SENESCYT con la leyenda de “Título de Doctor o PhD válido para el ejercicio de la docencia, investigación y gestión en educación superior”…

3. Haber creado o publicado doce obras de relevancia o artículos indexados en un campo de conocimiento vinculado a sus actividades de docencia o investigación, de los cuales al menos tres deberán haber sido creados o publicados durante los últimos cinco años…

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Política universitaria: espejo político del correísmo

Por Pablo Ospina Peralta Octubre 2016

Política universitaria: espejo político del correísmo

La gestión de la educación superior en Ecuador ilustra los logros y las limitaciones de la política progresista. El neoliberalismo a la ecuatoriana significó, más que una política específica sobre el conocimiento, el abandono gubernamental del sector: no ha habido ninguna entidad del gobierno central encargada del tema, los fondos se redujeron y las universidades públicas fueron abandonadas a su suerte, es decir, a la de su variada inserción en el mercado. Surgieron como hongos las universidades privadas, aumentó la precariedad en la contratación de docentes, y la deriva de las universidades las llevó a privilegiar ciertas carreras con alta demanda y reducir aquellos gastos sin una atractiva tasa de retorno como la investigación. Nada muy diferente a lo que pasaba por todos lados.

En países europeos y también en países latinoamericanos con estructuras universitarias poderosas –como México, Brasil o Argentina–, el neoliberalismo académico no implicó simplemente una retirada del Estado. Aunque se redujeron los fondos públicos y aumentó la presión para el autofinanciamiento de la educación superior, el neoliberalismo se acompañó de un conjunto de tecnologías de control y disciplinamiento que buscaban que la lógica de la competencia, la productividad y la eficiencia empresarial, comandaran el trabajo universitario. Se inventaron sistemas de monitoreo de la «calidad» de la investigación basados en la cantidad de publicaciones en revistas de lujo, en el número de citas de artículos calculados por empresas editoriales privadas y en el número de patentes registradas. El pensamiento crítico encontró rápidamente que tales sistemas de indicadores cuantitativos que reducían la calidad y la especificidad de conocimientos localmente significativos, servían para convertirlos en valores de cambio permutables entre sí, independientemente de su valor para el uso o la satisfacción de las necesidades sociales.

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