El ENES: entre la opacidad y la incertidumbre

Miles de jóvenes bachilleres de todo el país deben rendir un examen estandarizado para entrar a las universidades públicas que, según un manifiesto firmado por 150 académicos, resta oportunidades a los más pobres. Las estadísticas sobre la supuesta eficacia del examen estatal no han sido transparentadas por el Gobierno. Los jóvenes miran con recelo el proceso: tienen tres oportunidades y tienden a usarlas todas.
 Aunque fue adoptado en 2011, el Examen Nacional de admisión a la Educación Superior (ENES) no había transparentado, hasta el año pasado, su verdadera eficacia.

La opacidad en el manejo de la información recopilada con fondos públicos, el abandono en otros países de pruebas estandarizadas y la supuesta falta de argumentos por parte del Gobierno para aplicarlas, son algunos de los reparos que el Grupo de Trabajo Universidad y Sociedad ha hecho públicos sobre la prueba, que deben rendir todos los bachilleres que quieren ingresar a universidades del Estado. Calificada sobre 1000 puntos, se requieren por lo menos 700 para acceder a la universidad. No es una prueba de conocimientos específicos, sino de lógica verbal y matemática.

En efecto, en un manifiesto suscrito por 150 docentes, académicos y estudiantes, cuestionan el ENES, conformado por pruebas de aptitud verbal, razonamiento y cálculo, similares a las que ya aplicaban por su cuenta algunas universidades privadas del pues, debido a que “la perfecta distinción entre aptitudes y conocimientos es imposible de sostener. Las aptitudes se construyen en las relaciones del individuo con su entorno, no se dan en el vacío; siempre se asientan en contenidos”. Para los firmantes del manifiesto “el reciente anuncio gubernamental de que las pruebas ENES incluirán evaluación de contenidos, pone en entredicho la constante afirmación gubernamental de que precisamente por ser de aptitudes y no de contenidos, evitaba las discriminaciones”.

Según el manifiesto, en países como Colombia, Chile o Estados Unidos, en donde se aplicaron pruebas similares, se pudo determinar que dichas pruebas”no permiten siquiera una igualdad de oportunidades”.

Según el manifiesto, en países como Colombia, Chile o Estados Unidos, en donde se aplicaron pruebas similares, se pudo determinar que dichas pruebas”no permiten siquiera una igualdad de oportunidades. Las ventajas heredadas son indiscutiblemente determinantes en los resultados de este tipo de pruebas para acceder a la universidad; por lo tanto, tienden a reproducir las desigualdades iniciales”.

En el documento se cuestionó también que “el Gobierno se niega a poner a disposición de la sociedad las bases de datos del ENES, como debería hacerse con información producida con dineros públicos. Esto es una grave limitante para la investigación y el debate públicos que ameritaría el diseño y la aplicación de esta prueba”. La falta de esta información, que el régimen maneja con reserva, hace imposible, en criterio del Grupo, determinar si realmente se está superando la discriminación sobre grupos tradicionalmente excluidos de nuestro país.

Para el Grupo, “estudios a base de la información fragmentada disponible sugieren que lo que se pudiera haber ganado en acceso para estos sectores a la universidad por la gratuidad, una conquista de las luchas estudiantiles de décadas pasadas, se ha perdido desde la implementación del sistema de admisión basado en exámenes estandarizados”, ya que las mejores puntuaciones en este tipo de pruebas están siendo obtenidas por alumnos de colegios privados de las grandes ciudades.

Por ello, piden que el Gobierno transparente las bases de datos del ENES. Los académicos sostienen también que las pruebas estandarizadas como el ENES no se han demostrado efectivas a la hora de predecir si el estudiante va o no continuar en la carrera universitaria: “aunque todavía es temprano para tener datos concluyentes sobre el Ecuador, en otros países se han hecho innumerables estudios a lo largo de medio siglo que comprueban que el examen de ingreso no es una medida fiable para predecir el éxito en la universidad”. De ahí que se destaca el abandono en Chile y Estados Unidos de este tipo de pruebas.

“Pruebas estandarizadas de esta naturaleza desconocen la diversidad cultural y social de nuestro país; y son injustas con muchísimos jóvenes que podrían tener una carrera decente, humanamente gratificante y socialmente benéfica”, afirman.

“Pruebas estandarizadas de esta naturaleza desconocen la diversidad cultural y social de nuestro país; y son injustas con muchísimos jóvenes que podrían tener una carrera decente, humanamente gratificante y socialmente benéfica”, afirman.

Aparejado a su dudosa eficacia, el ENES se habría convertido en el eje de florecientes negocios de centros de nivelación y preuniversitarios, que brindan cursos específicos que, al parecer, mejoran las opciones de pasar la prueba: “uno de los principales efectos perversos de estos exámenes estándar es que crece el negocio de los cursos privados preuniversitarios y que la asistencia de los estudiantes a ellos es importante para su éxito en las pruebas”, aseguran los firmantes del manifiesto.

Si los colegios, advierten los firmantes, se concentran solo en preparar a los bachilleres para pasar la prueba, se descuidará el sentido de la educación integral.

No obstante, el Grupo reconoce que “adecuadamente utilizadas, estas evaluaciones permiten aproximaciones estadísticas que nos llaman la atención sobre aspectos pedagógicos que requieren mayor consideración. Pueden ser herramientas para el mejoramiento del sistema educativo, pero no deben usarse como la medida para definir quiénes “valen” y quiénes son descartables”.

Entre las opciones que el Grupo sugiere, están aspectos como “en vez usar una prueba estándar para definir quién entra a la universidad, se podrían emplear pruebas de cálculo, lenguaje y conocimientos específicos para la carrera elegida para identificar los jóvenes que necesitan un primer año propedéutico para nivelarse dentro de la institución de educación superior y destinado a corregir estos problemas arrastrados de los ciclos de estudios anteriores”, en un esquema similar al que aplica la Escuela Politécnica Nacional.

La incertidumbre  y estrategias de los jóvenes

Entre tanto, miles de jóvenes bachilleres se preparan cada año para rendir las pruebas. Un joven de 23 años, a quién llamaremos Juan José, que se encuentra en el proceso de nivelación para rendir el ENES y vive en un barrio popular del sur de Quito, sostuvo que “el bachillerato puede brindar un 75% de las capacidades necesarias para rendir este examen, lo cual puede mejorarse con el paso del tiempo, esto lo comento sobre todo por la experiencia de otros compañeros que han salido del colegio”.

“El bachillerato puede brindar un 75% de las capacidades necesarias para rendir este examen, lo cual puede mejorarse con el paso del tiempo, esto lo comento sobre todo por la experiencia de otros compañeros que han salido del colegio”.

Para este joven, que aspira a estudiar comunicación social en una universidad del Estado, “la oportunidad de prepararse en un curso brinda mayores posibilidades lo cual a su vez representa un mayor costo, el cual es asumido por las familias de los estudiantes, considero que es una opción efectiva pero no la única”.

El aspirante relata que rindió el examen en dos ocasiones, pues “las primeras veces aplique por ingeniería comercial y me dieron la opción de a distancia lo cual no se adaptaba a mis expectativas, al repetir el examen apliqué por comunicación social pero me dieron cupo para Ambato lo cual también complicaba mis aspiraciones, hasta que finalmente obtuve la opción que quería, considero que fue un proceso que representó complicaciones, no sé quien maneja los cupos pero deberían analizar mejor este aspecto, para identificar quien es apto para una carrera, en mi caso no creo que los puntajes que obtuve correspondían a las opciones que me dieron, algunos compañeros que están en nivelación conmigo solo aceptaron el cupo para no seguir en el proceso de ingreso y tener algo seguro, algunos están inconformes, es común que solo entren para intentar cambiarse después”.

Juan José cuestiona también la metodología aplicada para la asignación de carreras: “cuando te dan las opciones correspondientes a tu puntaje, te dicen que te las han asignado en relación a tu elección y capacidades, pero nosotros solo elegimos realmente la primera y segunda opción, las otras opciones son solo para cumplir con los requisitos, si se nos presenta esa opción no es nuestra elección en lo absoluto sino una asignación o imposición, de igual forma si nos mandan a otra ciudad”.

Con respecto al proceso de nivelación, sostiene que “nos sirve en el aspecto de nivelar y convalidar nuestros tipos de conocimientos, pero si encuentro problemático que se dé la misma nivelación para todos los estudiantes, yo creo que sería mejor que se busque guiar la nivelación según la carrera para poder dar una base o una conexión entre los conocimientos del bachillerato con lo que van a aprender en la carrera”.

El fenómeno de entrar a la universidad por una carrera y luego cambiarse se estaría dando en la actualidad, señala el joven, a pesar del tiempo y esfuerzo que requiere. “Qtra cosa que hay que pensar es que si no se van a poder cambiar eso representa un semestre o un año perdido en el que estudiaron algo que no querían, es mucho tiempo que se invierte en algo que no se quiere a mi parecer”, sostiene.

Para Juan José  es necesario “atender las necesidades de los estudiantes, los administradores del proceso no nos escuchan, primero hay que tener un ambiente de seguridad en torno a nuestra educación, iniciando por la infraestructura, necesitamos las condiciones físicas y sociales que nos permitan estudiar mejor, si ofrecen un cupo que ofrezcan también la seguridad para estudiar, también es cuestión de los estudiantes, desde la educación debería mejorar pero también incentivar en los estudiantes una responsabilidad con el estudio y para poder pensar mejor en que quieren estudiar y qué hacer con su vida, no solo estudiar para trabajar en lo que sea de forma mecánica, no es solo un problema en este punto sino en todo el proceso educativo, atendiendo eso podemos romper con ese círculo vicioso”.

Una metodología complicada

Criterios similares tiene Paulina, de 20 años, quien vive en el sector de Chimbacalle, también al sur de la capital. La joven, que cursó su bachillerato en un colegio público, sostiene que su aspiración es estudiar arquitectura.

Para ella, el examen en sí no es difícil, pero cuestiona algunos aspectos metodólogicos: “lo complicado está en que hay un rango muy estrecho de puntaje que representa diferentes posibilidades en la asignación de cupo, por ejemplo,comparando con compañeros la diferencia de puntaje es muy pequeña pero unos obtuvieron el cupo y otros no”.

La joven ha rendido la prueba en tres ocasiones, en la última, buscó un curso de preparación. “La primera vez apliqué para arquitectura pero solo me abrían cupo para comunicación social en la jornada de la tarde pero esa carrera solo puse para cumplir con el requisito de las opciones, entonces decidí seguir intentando, en el segundo intento accedí a la carrera pero en otra provincia pero como ya dije preferí volver a intentarlo una vez más, tal vez si en esta ocasión no me hubiesen dado el cupo hubiese considerado la opción de irme a otra provincia”, relata. Estas varias posibilidades de carreras y universidades que brinda el sistema actual también provocan cuestionamientos: “podría parecer que tener más opciones es mejor pero para los estudiantes eso nos complica más las cosas pues entre más opciones hay más incertidumbre, hay más peligro de tomar una decisión incorrecta y perder el tiempo o buscar persistir en una aspiración y no lograr nada, también hay quienes toman una opción que no consideraron nunca y no quieren solo para estudiar y superar este proceso”.

Paulina se encuentra inscrita en el curso de nivelación que abrió el Senescyt, sobre el cual tiene algunas impresiones. “Con respecto a lo educativo se puede decir que es bastante largo y en ese periodo se podrían dar otras cosas, no digo que no sea útil las cosas que nos dan, hay cosas interesantes pero muchas ya nos han dado en el colegio y es cierto que nos sirve de repaso y para ponernos a un mismo nivel académico para partir desde un mismo punto en nuestra educación universitaria, no creo que el pénsum sea algo improvisado, pero en general los estudiantes buscamos o quisiéramos que esta nivelación este también enfocada a las carreras a las que vamos a ingresar”.

Sobre el sistema como tal, estima que “se siente que no hay quien nos escuche, es decir a quien acudir por ayuda, pues en el sistema solo contamos como nombres y números, no nos ve como personas entonces si se siente un abandono”.

“Se siente que no hay quien nos escuche, es decir a quien acudir por ayuda, pues en el sistema solo contamos como nombres y números, no nos ve como personas entonces si se siente un abandono”.

Marcela, otra joven que logró entrar a la universidad, sostiene que entró a estudiar lenguas, pero realmente su aspiración es cambiarse a derecho. La joven manabita, quien estudió en un colegio público de Santo Domingo, sostiene que de la educación del colegio, para las pruebas solo le sirvieron algunos aspectos matemáticos. Ella se preparó por su cuenta, y sostiene que muchos de sus compañeros no tuvieron buenos resultados a pesar de haberse preparado en cursos específicos. Afirma que no tenía bases suficientes para rendir el ENES, en temas como pensamiento abstracto, que no fueron abordados en el colegio.

Es la tercera vez que ella postula al ENES, pues las dos primeras no le resultaron convenientes. Afirma que no estaba segura de qué quería estudiar y que por ello rindió las pruebas en varias ocasiones. Para ella, el sistema sí brinda la oportunidad de escoger la carrera, aunque los cupos son limitados, lo que afecta las opciones de los postulantes.

Aunque estuvo pensando estudiar sicología, idiomas o derecho, su plan es cambiarse de carrera tras el primer semestre. “En mi curso hubo bastante casos de estos, tengo un compañero que debe terminar el primer semestre en odontología para pasarse a sicología infantil. Estoy decidida a cambiarme de carrera”.

Pero ello no es fácil: deben tener una nota de por lo menos ocho sobre diez y debe haber un cupo en la otra carrera a la que aspiran llegar. Para la joven, es más complicado para los jóvenes del interior superar la prueba, pues cree que quienes han estudiado en las grandes ciudades tienen más posibilidades.

 

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