Las zancadillas del Ceaaces

Las zancadillas del Ceaaces

Los docentes universitarios critican el concepto de universidad que se propone desde el Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la calidad de la Educación Superior (Ceaaces). Para ellos, ese sistema se ajusta a modelos comerciales, puede favorecer a las instituciones privadas y no considera los puntos de vista de la comunidad universitaria.
Los docentes universitarios están en desacuerdo con el modelo de universidad que propone el Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la calidad de la Educación Superior (Ceaaces).

170 profesores elaboraron un manifiesto a través del cual difunden el malestar con el método que se aplica para evaluar a las instituciones de educación superior, así como con la concepción que se maneja alrededor de la calidad que se pretende instaurar desde el Gobierno.

 

Los maestros, de universidades como la Andina Simón Bolívar, Politécnica Nacional, Flacso, Católica del Ecuador, de Cuenca, Instituto de Altos Estudios Nacionales, Central del Ecuador, Técnica de Ambato, de las Américas, Técnica de Cotopaxi, San Francisco de Quito, Católica de Guayaquil, Técnica del Norte, Nacional de Chimborazo, Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador y Politécnica Salesiana, consideran que el modelo del Ceaaces no recoge las tradiciones históricas de las instituciones ecuatorianas.

Para los académicos, las reformas universitarias que se están desarrollando, a partir del modelo de evaluación y acreditación del Ceaaces publicado en noviembre del 2013, apuntan a una universidad de conocimiento funcional, a través de la cual la educación superior  sirve en función de la productividad.

Para Cristina Cielo, docente de Flacso y una de las voceras del grupo de profesores, limitar el conocimiento a cuánto puede aportar a la producción resulta peligroso, pues debe ser diverso.

“Si pensamos en el contexto ecuatoriano, ahora se ve a las universidades como un espacio que crea conocimiento para contribuir a la nueva matriz productiva. Hay instituciones con vínculos más fuertes con la sociedad, con organizaciones sociales, trabajan con comunidades locales. Esa diversidad de producción de conocimientos se pierde con un modelo homogenizante como es el de evaluación del Ceaaces”, comenta la socióloga.

Paradójicamente, en el informe del Consejo se menciona que el pilar de la evaluación es un análisis multicriterio y toma en cuenta todos los aspectos que contemplan la realidad universitaria ecuatoriana.

Pablo Ospina, profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar, explica que la universidad, en Ecuador, viene de una crisis importante y por ende sí es importante evaluar, discutir, debatir, estudiar qué es lo que ha pasado, las razones y cómo superarlo.

Esa crisis se refleja en que las universidades no contaban con docentes con dedicación suficiente a la investigación, se producía poca investigación, había mucho peso administrativo en los presupuestos, algunas sólo tenían fines de lucro… Sin embargo, existen problemas que todavía no se resuelven, y el Ceaaces no toma en cuenta esas realidades diversas en el momento de evaluar. Por ejemplo, la falta de presupuesto sigue siendo importante.

En la evaluación global que aplicó el Ceaaces se analizó la academia, la eficiencia académica, la investigación, la organización y la infraestructura de los centros de educación superior. Los dos últimos indicadores, según el manifiesto de los docentes, miden los recursos financieros de cada universidad.

“El Gobierno supone que la universidad ecuatoriana ya tiene una inversión muy alta desde el Estado. Para eso, hay que considerar el gasto que tiene cada centro por estudiante. En Ecuador, el promedio de inversión de una institución pública es de 4000 dólares por alumno, incluye profesores, infraestructura, libros…  La Universidad Nacional Autónoma de México entre 10 y 12 mil dólares. La de Sao Paulo 18 mil dólares. Harvard USD 160 000 por estudiante. En Ecuador, Las buenas universidades necesitan una inversión mayor de la que tienen. Lo que reciben está por debajo de lo que necesitan”, sostiene Ospina.

En el manifiesto se dice que el modelo del Ceaaces privilegia las universidades de las grandes ciudades, sobre las de provincias; favorece las privadas y castiga las públicas.

Los profesores señalan que en el análisis no se compara la eficiencia, la capacidad que tienen las instituciones de educación superior para contar con profesores a tiempo completo, con las asignaciones que reciben.

Todo el modelo define cuáles son los ideales a los cuales deben llegar las universidades, por eso establece niveles óptimos. Si no se los obtiene se reduce el puntaje y el ranking dentro de la categorización.

Ese ranking, de acuerdo a los docentes, categoriza a las universidades ecuatorianas en un orden jerárquico y según moldes comerciales. Terminan desplazando la diversidad e ignorando el contexto de las universidades ecuatorianas.

Cielo, de Flacso, aclara que los docentes están de acuerdo con las reformas drásticas que se han producido en la universidad. De hecho, varios de los docentes involucrados en el manifiesto son parte de instituciones que alcanzaron la categoría A en la calificación del Ceaaces.

Su crítica responde a un modelo en que se importan criterios desde Europa y Estados Unidos. A través del cual se busca medir la productividad científica, siendo uno de los parámetros la publicación a escala internacional. “Aplicar eso a Ecuador es desconocer la tradición latinoamericana de producir para el debate público. Si un profesor publica en Ecuador Debate, una de las revistas más importantes en debate intelectual y político, no cuenta en el puntaje para categorizar a la universidad”, apunta la docente de Flacso.

En el manifiesto se expone que el criterio de evaluación referente a la producción científica está determinado por el hecho de que las revistas en que se publica figuren en las bases de datos SCIMAGO (Scopus), o del ISI Web of Knowledge. En palabras de los docentes, se trata de un par de empresas transnacionales dedicadas a la distribución de las publicaciones académicas. De acuerdo al texto, son bases de datos creadas con propósitos comerciales más que académicos que trasplantan los criterios de eficiencia y competencia empresarial al mundo de la academia.

El Ceaaces, según los profesores, adopta un sistema de incentivos que premia publicar en el extranjero y castiga el aporte de los académicos en revistas locales, de provincias pobres o de universidades pequeñas contribuyendo a la marginalización de la producción científica regional.

 

“En la evaluación, publicar en revistas norteamericanas, llamadas de alto impacto y establecidas por bases de datos de empresas transnacionales, representa un 9%. Ese indicador incluso pesa más que publicar un libro, que equivale al 6%. Que una universidad tenga revistas propias no puntúa”, explica Pablo Ospina.

El docente del área de Historia de la Universidad Andina considera que el Ceacces ha establecido niveles óptimos puramente cuantitativos y arbitrarios, sin sustentarlos en ningún tipo de estudio. Por ejemplo, nadie conoce en qué se basan para decir que el 60% de los profesores sea a tiempo completo, sin tomar en cuenta que muchas carreras requieren valorar tanto la experiencia práctica como la capacidad de investigación.

4000 dólares invierte, en promedio, la universidad ecuatoriana por estudiante.

Otra cifra con que ejemplifican la arbitrariedad desde el Ceaaces es la de la tasa de graduación. El Consejo de Evaluación establece como óptimo que se gradúe entre el 40% y el 80% de los estudiantes de las distintas carreras. “Si se tiene menos de 40 o más de 80 porciento bajan los puntos. Si se gradúa a todos los estudiantes se baja el puntaje, sospecho que es porque imaginan que si eso sucede es porque la universidad es demasiado fácil. Nunca han explicado el porqué de ese rango”, comenta Ospina. Él acota que la tasa de graduación no tiene óptimos, pues sirve para analizar los problemas que una universidad tiene y los desafíos que se plantea. “No es lo mismo tener una universidad con todos becados, como Yachay, que una donde los estudiantes trabajan al mismo tiempo porque pertenecen a las clases populares. Cuando trabajan el proceso se hace más largo. La tasa es solamente un indicador que sirve para el análisis”.

A través del manifiesto que representa exclusivamente a los docentes –no está respaldado por las universidades– se pretende abrir el debate para la construcción de un modelo de universidad que incluya las visiones de los estudiantes, de los profesores, de las autoridades y de los representantes del Gobierno.

De hecho, los docentes se reunieron con representantes del Ceaaces, luego de publicar el manifiesto la primera semana de abril.

También se están conformando equipos de investigación con fondos de las universidades para crear un modelo alternativo que todavía no existe.

Otra iniciativa son los foros públicos coordinados por docentes, a escala nacional.

http://www.planv.com.ec/historias/sociedad/zancadillas-del-ceaaces?utm_source=emailcampaign427&utm_medium=phpList&utm_content=HTMLemail&utm_campaign=Esta%20semana%20en%20PLAN%20V%20%7C%2028-04-2014

 

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