Universidad rompe el silencio

Universidad rompe el silencio

El proceso vertical e inconsulto de transformación de la Universidad ecuatoriana ha generado resistencia de sus diferentes actores. Hasta ahora estas reacciones se habían presentado de forma aislada, circunscrita en algunas instituciones y sin mayor eco. Hoy está circulando un manifiesto suscrito por cientos de docentes universitarios y académicos, procedentes de más de veinte universidades, que cuestiona con lúcidos argumentos el proceso de evaluación y acreditación universitaria implementada por el CEAACES.

El planteamiento central del manifiesto es el cuestionamiento a la visión de universidad que subyace el modelo de evaluación y acreditación, impuesto por una visión jerárquica, neocolonialista, irrespetuosa de la autonomía y que tiene en poca estima a la comunidad académica ecuatoriana. La argumentación que recoge el documento no tiene desperdicio. Uno a uno los argumentos son examinados con precisión: una evaluación que no toma en cuenta la opinión de la propia comunidad universitaria; la creación de un ranking que categoriza a las universidades en orden jerárquico y siguiendo moldes comerciales y que termina por fomentar las desigualdades socieconómicas y culturales; la calidad, en la cual todos estamos de acuerdo, es tomada como una entelequia sobre la cual no cabe definición ni debate; el desatino de colocar parámetros de publicación que privilegian un par de empresas transnacionales de la distribución de publicaciones académicas y no su impacto en la comunidad académica y la sociedad; un sistema de valoración que termina favoreciendo a las universidades privadas más caras con menoscabo de la universidad pública; la sobrevaloración de los títulos en desmedro de la pertinencia docente; el equívoco de un enfoque tecnicista sesgado por la eficiencia administrativa, antes que la priorización de los problemas que la universidad puede ayudar a resolver a través de la vinculación con la sociedad.

Las y los autores de este texto, pertenecientes al Grupo de Trabajo sobre Universidad y Sociedad, manifiestan:

“Los principales criterios de calidad a nuestro juicio deberían relacionarse con la pertinencia para la sociedad, con la participación, el cogobierno y la administración democrática de las instituciones de educación superior, y con democratización de los saberes y la construcción de capacidades sociales para la convivencia cívica entre personas críticas”.

La Universidad rompió el silencio y lo hizo no desde sus autoridades con perfiles acomodaticios, varios de ellos o plagados de temores sobre la negociación de recursos para sus casas de estudio; tampoco lo hizo desde sus gremios cooptados o con poca capacidad crítica. Lo hizo desde su espacio más lúcido, su comunidad académica. Ahora la universidad demanda una respuesta y un cambio de este modelo disciplinario y tecnicista que ha sido impugnado.

 

 

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1 comentario

Archivado bajo Academia, CEAACES, Educación Superior, Profesores, universidad

Una respuesta a “Universidad rompe el silencio

  1. Leonardo Alcívara

    Era lo que faltaba a la Universidad ecuatoriana, alguien que liderara la resistencia a lo impuesto por políticas verticalistas, la universidad ecuatoriana ha sido radical y contestataria y debe existir por y para la sociedad ecuatoriana en su conjunto, basta ya de someterse a politicas educativas que desde la éopca colonial se han venido dando, hasta la actualidad, es fundamental que ahora se empiece a construir un sistema de educación en función de las necesidades y realidad ecuatoriana para contribuir a resolver nuestros propios problemas y no los intereses de los iluminados que desconocen la historia y rica experiencia de la educación nacional que es necesario rescatarla entre todos lo actores de la educación que somos los docentes de los diferentes niveles y no por los burócratas de siempre que desde sus escritorios quieren cambiar la educación, sin la necesaria presencia y participación de los docentes, desde la colonia ha existido que unos se convieten en capataces pedagógicos(los burócratas iluminados y formados en el exterior sin conocimiento de nuestra propia realidad) , son los que piensan y deciden y otros somos peones pedagógicos que obedecemos, sin espacio para pensar ni decidir, de esa manera la educación seguirá atada a las decisiones coyunturales de los gobiernos, sin la participación democrática de docentes, estudiantes, padres de familia y ciudadanía en general, por lo tanto la educación no mejorará desde la visión burocrática, sino participativa y democrática.

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