Con las evaluaciones el medio es el mensaje

CON LAS EVALUACIONES EL MEDIO ES EL MENSAJE

 

Antonio Aguirre  

(Guayaquil)

 

Estimados amigos, propongo a ustedes la siguiente reflexión:
La opinión elaborada por Pablo Ospina ha sido bien acogida por buena parte de los amigos e interesados. Parto del concepto de disciplinamiento que él introduce para caracterizar al régimen y su estrategia. Amplío eso con otro concepto, el  de control. Ambos fueron instrumentos de la larga elaboración de Michel  Foucault sobre los dispositivos de lo que él llamó el biopoder. Es  convocando específicamente  la teoría de los discursos de Jacques Lacan que voy a tratar de deconstruir  el problema que atacamos.


La estructura que se nos quiere imponer es la del discurso que Lacan llamó Universitario.  El semblante o agente es el  saber experto, el de la academia y la burocracia, es la ley y sus reglamentos; su verdad latente es la orden, el imperativo, la verdad única, la voluntad del nuevo amo: disciplinar, controlar, imperar.
Matema lacaniano: S2  ->  Otro/S1
El saber, que oculta la verdad autoritria, se vectoriza al otro. Si el discurso del  poder quiere disciplinar y controlar, es porque del otro lado estamos los indisciplinados, los no controlados; o, en otros ámbitos, los maleducados, los insanos, los corruptos.
Nosotros   alojamos una anomalía, algo anda mal en nosotros, todos somos sospechosos. Llevamos un objeto heterogéneo, que no se acomoda al paradigma de la bondad, el conocimiento y la corrección: mancha epistémica, mancha moral,  mancha política.
Lacan denominó, a este objeto inasimilable , objeto a. En tanto es un trozo de real, irreductible, la labor del saber disciplinador y controlador es ilimitada, y los dispositivos de la burocracia se replican incesantemente. Lo que queda desplazado , reprimido, postergado sin fecha, es el sujeto de la palabra, el que habla con voz propia y dice su malestar, su queja. El discurso biocontrolador y disciplinario no reconoce ni acepta al sujeto concreto, singular, que tiene su estilo, que critica, que no está de acuerdo. Lacan escribía esto como “ sujeto tachado”, S/ (la barra divide al sujeto).
Si los controladores del régimen acuden a reuniones con las personas controladas no es para oírlas sino para informarles o, mejor, para extraer información que perfeccione el “proyecto”. Lo llaman socialización, de lo que ya está resuelto verticalmente.
El saber  biocontrolador repele el conflicto, y al conflictivo. Impone un lenguaje que no deja hablar: formularios, listas de chequeos, protocolos de observación, cuestionarios con respuestas encajonadas. Una parafernalia de falsa ciencia, con el que se alcanzará el mundo feliz del buen vivir, cuando  todos seamos excelentes, 99,9 %: el fin de todo poder es el bien , por eso el poder no tiene fin, le gustaba decir a Lacan.
Matema lacaniano del discurso universitario-burocrático-biocontrolador y disciplinario:

S2  ->  a
S1   //  S/
Sí, es el gran triunfo de la Universidad. Sin manifestaciones, ni asambleas, sin bullas ni fogatas. Los revolucionarios, los izquierdistas utópicos y románticos de ayer, vueltos profesores y decanos primero, ahora son los magisters y doctores, los planificadores, evaluadores y acreditadores, los comisarios del régimen, sus chekistas intelectuales.
¿Podía acaso yo adivinar que un día sería testigo de la veracidad del juicio de Lacan, cuando dijo que los intelectuales de izquierda eran ingenuos cuando están fuera del poder y que cuando lo alcanzan organizan una canallada colectiva?
Pena y alivio, es lo que siento. La una por mis amigos, vueltos policías del alma, agentes de una represión hipócrita y taimada. Lo otro, porque estoy  fuera de esta corriente oscura.
¿Qué podemos hacer? Simple y llanamente: restituir al sujeto, el que llevamos todos adentro, el de cada uno, diferente, singular, que tiene algo que decir y escribir,  sin atraparse en la cajonera de los formularios, encuestas, exámenes, evaluaciones, listas de chequeos. Hay que desbordar los casilleros con nuestras palabras, con enunciados sostenidos en la voz.
Esto es la política, según el modo como lo entiende Jacques Ranciere: el desacuerdo, el descontento, el acto de singularidad por el cual objetamos y cuestionamos el orden , que siempre equivale a la policía.
Siguiendo la teoría de Ranciere los evaluadores son políticos devenidos policías.
Hay que recuperar los “espacios” de palabra. ¡Cómo gustaba a los izquierdistas esa palabra¡ “Espacio”: es lo que tenemos que abrir, ahora que lo vemos estrecharse día a día rellenado asfixiantemente en evaluaciones y reglamentos insufribles.
Propongamos juntas y asambleas en las universidades para, primero, oponernos de viva voz al proyecto irracional del poder. Segundo, para ir sacando una alternativa. Y que el gobierno tenga allí su aporte, pero no con el monopolio  del poder y la amenaza.
Amigos, la evaluación-acreditación no es el medio para realizar un mensaje pastoral. La evaluación, como diría Mcluhan,  es el mensaje. Mediante ella sufriremos una metamorfosis kafkiana, una que nos hará recordar la teoría del maestro de los revolucionarios de ayer y policías del alma de hoy, el filósofo marxista Althusser: los evaluados mutarán en evaluadores, los disciplinados en disciplinadores, los controlados en controladores.
¿Quién quedará para hacer el trabajo de profesor, a secas, cuando todos se hayan mudado a su nueva envoltura, monstruosa, de evaluador-controlador?
Por último, hay que decir de qué somos responsables. Es lo que Freud, lo que Lacan, y la práctica analítica nos recuerdan. Somos víctimas de nuestra negativa a reconocer la tendencia que nos habita , viviendo esperanzados y enfurecidos a la vez . Hemos dejado que el amo ordene a sus sabiondos acorralar  nuestras inquietudes y falencias.
Queda para el siguiente día entender en qué vanos anhelos inconscientes se ha apuntalado el proyecto mesiánico  que hoy nos agobia.

 

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